¿Por qué nos gusta que nos “den caña”?

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Los buenos amigos son los que me dicen las verdades a la cara

Me gusta que mi pareja me diga las cosas, que me meta caña

Necesito un entrenador que sea duro, exigente, que me meta caña…, así doy lo mejor de mí

Trabajo mejor bajo presión, cuando está cerca la fecha de entrega; así es la única manera de meterme caña

Quiero que me den más disciplina, que metan más caña, si no, no hago nada

Si no tuviera un horario, no haría nada en todo el día

¿Os resultan familiares estas frases? Más allá de que nos gusten los retos o jugar a que nos analice otro, estas frases frecuentes en nuestras conversaciones tienen un denominador común: la elusión de la responsabilidad.

Durante toda nuestra vida acumulamos padres, profesores, jefes, maestros, entrenadores, parejas, amigos, etc., que nos dicen lo que tenemos que hacer, lo que está bien o mal, que nos “dan caña” para que nos demos cuenta de las cosas… En la escuela, hemos aprendido a responder ante presión, exámenes, aprobación externa, disciplina. Sin estos condicionantes, no hacemos nada. Vivimos luego siempre con esa sensación de que si no hay un castigo o alguien vigilando no vamos a hacer lo que nos conviene. Se nos dice que somos vagos por naturaleza o que la gente necesita disciplina. Me gusta que mis amigos o mi novio me den caña, así me doy cuenta de lo que hago mal. Prefiero tener un horario porque si no, no hago nada. Cuando estoy bajo presión, doy lo mejor de mí…

En los últimos talleres que he impartido, no paro de escuchar peticiones como “quiero que seáis más duras”, “que haya más disciplina, que se vigilen más las reglas”, “que nos déis más caña…” Me quedo pensando en ello: me sorprende. Se supone que mi trabajo consiste en fomentar la autonomía personal; ésta es una tarea a la que he dedicado mucha reflexión y forma parte de las competencias filosóficas esenciales. Me viene a la mente la teoría de McGregor sobre las dos hipótesis de la motivación: según la hipótesis X, la gente no quiere trabajar, no quiere responsabilidades, prefiere ser dirigida, tiene poca creatividad y debe ser controlada y, a veces, obligada a trabajar; mientras que según la hipótesis Y, bajo condiciones correctas, el trabajo surge naturalmente, la gente prefiere la autonomía, es potencialmente creativa y puede autodirigirse. ¿Con cuál te quedas?

Es una pena que la autonomía en sí misma no sea una motivación. Yo personalmente siento gran placer y satisfacción cuando soy autónoma ante cualquier circunstancia (no debe confundirse con individualismo ni con una mal entendida autosuficiencia), cuando veo que soy capaz de guiarme a mí misma, aunque reconozco que requiere compromiso y trabajo. Pero en la educación reglada, en las actividades formativas, en cursos, talleres, en el trabajo, incluso en el deporte, las dinámicas se empeñan una y otra vez en no fomentar esta actitud. Siempre hay un maestro, un profesor, una figura cuyo rol nos impide desarrollarnos. ¿Por qué? Por el simple hecho de que es él quien decide por nosotros.

La gran mentira que subyace es hacernos creer que no sabemos lo que es bueno para nosotros mismos. Claro que sí, la autoconciencia, la reflexión propia y la autonomía no sirven para nada, mejor si hay otros que nos vigilan, advierten, castigan, dirigen, etc.

Y más aún, qué tristeza si sólo aprendemos con sangre, con esa estúpida creencia de que lo que duele se nos queda mejor. La vida tiene sus picos y valles, afortunada y desafortunadamente, aprendemos viviendo en ella. Que queramos que nos den caña sólo es el reflejo de una mala educación, de que no queremos responsabilizarnos de nosotros y de nuestro aprendizaje, de que queremos que nos lo den todo hecho. Es más esfuerzo tener que llegar por nosotros mismos a conclusiones. Es más difícil ser autodisciplinado, desarrollar nuestra conciencia para que ella nos señale nuestras propias trampas del pensamiento, favorecer la intuición que nos informa sobre nuestros estados y emociones y tomar las riendas de nuestra vida, sabiendo que somos los responsables últimos de ella.

Mi propósito firme es formentar la autonomía de la persona. Ojalá en cada taller me pongan en duda como filósofa asesora y formadora, no por simple crítica, sino porque cada persona es diferente a otra y tiene una forma de ver la realidad. Jamás entenderé que ningún tipo de sufrimiento es fuente de aprendizaje, nada más que el de la vida, no el de las ratas a las que en un  laboratorio les dan calambrazos. Si estamos en un taller, jugamos a experimentar, pero yo asumo que los que están delante no quieren caña, quieren que se les respete su autonomía. A partir de ahora, fomentaré esa autonomía, no voy a tomar vuestra responsabilidad de trabajar por vosotros, porque os creo libres y autodisciplinados, porque os creo competentes para indagar y llegar a conclusiones, no voy a hacer de policía, de mosca cojonera o de mamá. Si queréis eso tendréis que ir a otro lugar. No voy a fomentar vagos, ni súbditos, ni indisciplinados…, no porque lo seáis, lo seamos, sino porque el sistema y todo lo demás se empeña en hacernos así. Fomentaré el espacio  de experimentación y aprendizaje personal, basado en emociones sanas y buen clima, empoderando al ser humano de la única forma posible: reconociéndolo como igual, como sabio y capaz por sí mismo.

 

Comments
7 Responses to “¿Por qué nos gusta que nos “den caña”?”
  1. Muy bueno el post, Mari Angeles, menuda toma de conciencia!! Yo era de las que le gustaba que le dieran caña, pero a partir de hoy, no sé si me gusta tanto!! Gracias por abrirme los ojos!! Un abrazooo y felicidades por la reflexión! Merche

    • enlapractica dice:

      Gracias Merche!!! Me alegro de que haya despertado eso, es lo mejor que me puedes decir🙂 Es algo que llevaba tiempo queriendo escribir… Pero está claro que como dice el post ese abrir de ojos lo has hecho tú, eres responsable de él😉 Un abrazo!!!

      • Si es cierto, yo soy responsable, pero me alegra que me hayas ayudado a verlo más claro, porque algo en ese “me gusta que me den caña” no estaba acabando de encajar…
        Besitos!!

  2. Isaí Jasso dice:

    Qué tal:
    Mi nombre es Isaí Jasso, vivo en México y desde hace ya un buen rato que vengo leyendo lo que escribes. Hay cosas en las que concuerdo plenamente contigo, otras, sinceramente, no. Pero eso es realmente lo de menos, lo importante es que continues escribiendo. Estudio Filosofía, un Doctorado en la UNAM e imparto clases a nivel bachillerato. Es una verdadera bronca hablar de autonomía, más aún cuando casi todo Occidente está fundado en la huída sistemática de la responsabilidad. Hace poco, en una charla, el Dalai Lama expresaba que lo que ha llevado a la decadencia de Occidente es precisamente que a la juventud (aunque agregaría que no sólo a la juventud, también a la senectud y al nivel intermedio entre ambas) no se le ha cargado de responsabilidad.
    Perdón por entrometerme, cual ladrón nocturno en tus divagaciones, no resistí la tentación.
    Ya aprovechando mi estancia fortuita, me podrías decir, de ser posible ¿Qué significar eso de “dar caña”? ¿Lo debo interpretar como algo así como “exigir violentamente”? ¿O más bien como una provocación en sentido negativo?
    Gracias. Cuídate.

    • enlapractica dice:

      Hola Isaí, gracias por tus palabras y por seguir mi blog. Trato principalmente de provocar reflexión con lo que escribo; como bien dices, no es tan importante que estéis de acuerdo o no con lo que se dice. Certeras las palabras del Dalai Lama, para mí, como ves, es también un tema clave, casi diría que uno de los grandes.
      Te aclaro que “meter caña” o “dar caña” según el diccionario es “provocar o recriminar a alguien” y también “pegar, golpear, vapulear”. Así en España lo usamos coloquialmente cuando alguien nos provoca, es duro con nosotros, nos azuza, nos exige, etc., sin duda, violentamente. Como lo puede ser un entrenador personal o un profesor. Espero que te haya quedado más o menos claro.

      Espero volver a verte por aquí y te animo a que comentes más.

      Muchas gracias, un saludo,

      Mª Ángeles

  3. polocoaching dice:

    Hola Mari Angeles. Gracias por esta entrada que lleva sin duda a la reflexión. Como yo tengo tendencia a ser mosca cojonera, me pregunto y te pregunto a ti ¿No hay también parte de verdad en que necesitamos el feedback exterior, para chequear, para revisar, etc., y que el gusto por la caña puede estar ligado a una falta de confianza en uno mismo y en los demás? De alguna forma una búsqueda de la no conformidad, del aprendizaje desde la idea limitante de que si nos dicen solo lo bueno es que no mienten. La falta de responsabilidad puede ser un hecho detonante o un hecho reflejo, un espejo de la falta de confianza. Quizá al problema no es tanto que no se nos ha cargado de responsabilidades, que se ha eludido la responsabilidad, sino que se nos ha educado desde el miedo y a través del miedo, de que se ha fomentado la desconfianza, la falta de autoestima. Quizá la falta de responsabilidad no es sino un espejo, una consecuencia de un miedo profundo ¿miedo a equivocarnos? ¿miedo al fracaso? … No sé, me ha gustado mucho tu entrada, pero me ha llevado a esta especie de punto… “miedo-parálisis, caña-feedback valorado”. La falta de responsabilidad parece aparecer como algo que tenemos que imponernos, pero si la reponsabilidad es la capacidad de respuesta (del lastín responsum, respuesta), no sé si es algo que hay que autoimponerse, visto así parece una herramienta naturalmente presente y de desarrollo adaptativo, por eso no se si el enfoque es hay que ser responsable, o mas bien que hay que ser valiente (siento el “hay que”) ¿El problema está en la actitud o en la emoción que fomenta la actitud?
    Muchas gracias por tu articulo, muy efectivo respecto a su objetivo de generar reflexión.
    Un abrazo.

    • enlapractica dice:

      Muchas gracias Polo por esta reflexión tan buena, me alegro de que el artículo cumpla así su función, como tú dices😉. No puedo estar más de acuerdo contigo. De hecho, el problema de fondo es efectivamente la falta de confianza, autoestima y valentía. Si me sigues un poco verás que suelo hablar de valentía de manera transversal en muchos post de este blog, siempre estoy con ese tema, soy un poco pesada jejeje. Sólo que en este ya me salía muy largo, me quedó hacer esa segunda parte sobre lo que motiva la falta de responsabilidad: por supuesto, una baja autoestima y falta de confianza en las capacidades y el ser de uno y de los demás. Lo veo todos los días en mi trabajo. Me animas más aún a escribir algo sobre esto. No veo la responsabilidad como algo autoimpuesto, sino la consecuencia natural de creer y confiar en uno y en los demás; por ello, por uno mismo y por todos, la responsabilidad surge como respuesta ante el mundo y ante uno, es casi un impulso irremediable, sincero y con entusiasmo por el hacer. Sin duda, es un tema para seguir reflexionando, trabajando y poniéndolo en práctica.
      De nuevo gracias por hacerme ir más allá…

      Abrazos y espero que nos veamos en alguna actividad en la próxima temporada!

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