Ser sensible a uno mismo


“… sensible a uno mismo. ¿Qué significa eso? ¿Que hay que pensar continuamente a en uno mismo, ‘analizarse’, o qué? Si habláramos de ser sensible a una máquina, no habría dificultad para explicar lo que eso significa. Cualquiera que, por ejemplo, maneja un auto, es sensible a él. Advierte hasta un pequeño ruido inusual, o un insignificante cambio de la aceleración del motor… Sin embargo, no piensa en todos esos factores; su mente se encuentra en estado de serenidad vigilante, abierta a todos los cambios relacionados con la situación en la que está concetrado: manejar el coche sin peligro … Si consideramos la situación de ser sensible a otro ser humano, encontramos el ejemplo más obvio en la sensibilidad y correspondencia de una madre para con su hijo. Ella nota ciertos cambios corporales, exigencias y angustias, antes de que el niño los manifieste abiertamente. Se despierta porque su hijo llora, si bien otro sonido más fuerte no hubiera interrumpido su sueño. Todo eso significa que es sensible a las manifestaciones de la vida del niño; no está ansiosa ni preocupada, sino en un estado de equilibrio alerta, receptivo de cualquier comunicación significativa proveniente del niño. Similarmente, cabe ser sensible con respecto a uno mismo” Erich Fromm (1959), El arte de amar, Barcelona, Paidós Ibérica, p. 112, [negritas mías].

Fromm nos invita, ni más ni menos, que a desarrollar una empatía hacia el entorno, hacia los otros seres vivos, hacia los demás…, pero, sobre todo, hacia nosotros mismos. ¿Cómo desarrollar esa sensibilidad?, nos preguntamos. Fromm nos dice que no es fácil, pero nos da una clave. Según él, es común que las personas normales tengan una sensibilidad por sus procesos corporales pero no lo es tanto que se tenga una sensibilidad similar para los procesos mentales, yo añadiría, y emocionales. Pero ahí va la pista: “Si bien impartimos conocimiento, estamos descuidando la enseñanza más importante para el desarrollo humano: la que sólo puede impartirse por la simple presencia de una persona madura y amante”

Lo que se está diciendo aquí es que tenemos que aprender a ser personas, transmitir esa sensibilidad de generación en generación, de persona a persona, escuchar y empatizar con los otros. La verdadera prueba de fuerza que la vida nos pone es la de hacerte más sensible a ella, a los demás, y en último término, a ti mismo. Según la película de moda…, tenemos que aprender a “ver a los demás”.

Y tú, ¿ves lo que te rodea?

¿Ves a los demás?

¿Te ves a ti mismo?


Te puede inspirar…

¿Quién es Erich Fromm? Averigua de qué pensador estamos hablando y conoce su obra.

El arte de amar es un libro exquisito. Profundo, evocador, poético y tremendamente realista, este libro habla de temas que nos tocan a todos en la sociedad occidental que vivimos. ¿Será que todo es una cuestión de amor?

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